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Bolaño antes de bolaño
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Quezada, Jaime

Bolaño antes de bolaño

Providencia (Santiago de Chile) : Catalonia, 2007

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Giuseppe Sirugo
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En este libro el poeta chileno Jaime Quezada trató de contar un breve período vido en México junto con el futuro intelectual Roberto Bolaño: el libro si era inherente al escritor Bolaño habria sido más interesante de leer. Pero la escritura se enriqueció principalmente de reseñas y ensayos sobre sus diferentes novelas. Cosas que el mismo poeta cuenta como dos años (1971-1972) que pasó en la casa mexicana de los padres de Roberto Bolaño. Los textos llevan muchas anécdotas de personajes ilustres de la literatura latinoamericana, como per ejemplo: Gabriela Mistral; Nicanor Parra; Neruda. Encuentros y entrevistas con Octavio Paz; Siqueiros; Juan Rulfo, etc. En fin como cosa obvia el adolescente Bolaño.
El libro en su conjunción con el título tiene un hecho autobiográfico. Movimientos relacionados con él y el desconocido Roberto Bolaño, como per ejemplo: Bolaño comenzó a escribir un texto teatral y le preguntó al poeta y compañero de habitación qué pensaba de su trabajo escrito; Bolaño que había escrito el libro Estrella distante, y le pidió al poeta Quezada que el texto lo llevara a una editorial chilena hasta que este libro fue publicado allí también: a pesar de esto, el mismo Roberto Bolaño por cuanto joven y inexperto ya había comenzado a buscar un editor. Y ciertamente no fue el compañero de casa Jaime Quezada quien más tarde vendió el libro "Estrella Distante" en Chile. Y también fue algo más qué normal que a seguir con los años una cantidad de copias habría sido publicada en Chile, el lugar de nacimiento de los dos escritores y poetas: ¡De esta conexión es posible que Roberto Bolaño si hubiera estado vivo y hubiera algo inapropiadamente correcto al compañero Quezada le rompería literalmente el trasero! Etcétera. [...] En esa época Roberto era un joven de 18 años que pasó el tiempo fumando y fumando, enojado siempre contra sí mismo o contra el otro. Tal vez contra el mundo, porque abandonaba la enseñanza secundaria y se pasaba día y noche leyendo y releyendo: de Kafka a Eliot, de Proust a Joyce, de Borges a Paz, de Cortazar a García Márquez. Y no muchos se salvaban de la guillotina verbal o escrita de este muchacho de 18 años.

Para concluir, aparte de los momentos políticos descriptivos, lo que puede ser una memoria del poeta chileno Quezada durante el período que compartió casa con su compatriota, o anécdotas con personajes ilustres en la literatura latinoamericana, el breve libro tiene momentos relacionados con el escritor desconocido Roberto Bolaño: momentos y diálogos que podría haber sido su edad después la adolescencia. Momentos que probablemente son lo más interesante para aquellos que en este libro intentó de leer a un joven Roberto Bolaño, como per ejemplo el fragmento del texto Una canción rock:

  • Roberto viene corriendo de la cocina (donde estaba preparándose un tazón de leche caliente) y sube a todo dar el volumen de la Telefunken. Una canción rock de los Whoo se escucha en un programa de radio en todo su rugido.
    La estridente canción inunda toda la casa, y deslumbra a Roberto que sigue el ritmo con los pies y movimientos de cabeza, tarareándola hasta el final del programa. Entonces me dice: “¿Conoces la letra de esta canción de los Whoo? ¡Caray!, un poema o un cuento de maravilla esta letra”.
    Le digo que ni siquiera sabía de ese conjunto rock, y menos de sus singulares canciones. En estas electrónicas músicas –el rugido de los Animales, de los Doors, de los Mothers of Invention- no paso más allá de los Beatles o de los Rolling Stones.
    Roberto se ríe de lo que según él llama “disparates rockeros” míos. Pero está tan contagiado y estimulado de esta canción-alarido de los Whoo que vuelve a decirme:
    “Esta canción es como mi retrato, su letra, su historia que cuenta. Fíjate que se trata de un muchacho que se pasa casi toda la noche sin poder dormir, y en un momento le dice a su padre: Papá, no puedo dormirme. El papá se acuerda de una vieja fotografía guardada en su escritorio. Busca la fotografía y se la pasa. La fotografía representa la imagen porno de una mujer desnuda. El muchacho mira varias veces la sugerente fotografía. Se excita. Se masturba. Y luego se duerme felicísimo. Al día siguiente le dice al papá: Papá preséntame a la muchacha esa de la fotografía. Y el papá le responde: ¡Fíjate que se murió hace como cuarenta años! Y ahí termina la historia de este rock, rock. ¡Bonita historia de canción, y verdadera!”
    Sí, muy bonita le respondo. La historia mía también. Y ¿cómo se llama la canción? “No sé”, dice Roberto; “está en inglés”. Y sale otra vez corriendo hacia la cocina: “¡Ah, olvidaba mi tazón de leche!”.

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