Sulle sue tracce vanno i lupi bianchi
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Materiale linguistico moderno

Jones, Robert F.

Sulle sue tracce vanno i lupi bianchi

Titolo e contributi: Sulle sue tracce vanno i lupi bianchi / Robert F. Jones ; traduzione di Francesca Bandel Dragone

Pubblicazione: [Milano! : Rizzoli, 1998

Descrizione fisica: 317 p. ; 21 cm.

ISBN: 8817670839

Data:1998

Lingua: Italiano (lingua del testo, colonna sonora, ecc.)

Paese: Italia

Serie: La scala

Nomi: (Autore) (Autore)

Dati generali (100)
  • Tipo di data: monografia edita in un solo anno
  • Data di pubblicazione: 1998

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La escritura del libro es una narrativa estadounidense, típica historia de lo que fue la literatura de los años setenta. Esta vez Robert F. Jones enfocó la historia durante el año 1873: en un vasto campo perteneciente a un tiempo remoto se podían encontrar solo los bisontes. Para el resto no hubo números, historia, homónimos, ni perdedores ni héroes. Y si en el pasado hubo algún ganador, nadie sabía su significado. Emblemáticamente, en este lugar remoto, los indios habían pensado que incluso los bisontes estaban buscando hombres blancos, pero no sabían que algún día tendrían que cambiar sus opinión. En cualquier caso, ha sido siempre un lugar donde se reflejaba la imagen de una pradera virgen dividida por un río que fluye a través de ella. Un horizonte vacío, sin tiempo.
No obstante, a pesar que siempre ha tenido un trasfondo sin motivo, en un instante se convirtió en un senario de guerra entre los indios y una civilización más modernizada. En este lugar remoto y tranquilo manadas enteras de bisontes comenzaron a fluir, por que perseguidos por lobos. Mientras que los cazadores de pieles dispararon con rifle a todos: estos otros no tienen piedad de nadie. Allí de repente se encontrarás la vida despiadada de estas personas que invocarán a cualquiera hasta el vacío. El único mensaje que puede llegar a quienes esta rodeando cerca es que la raza humana es despreciable. La naturaleza no tiene ojos, pero ciertamente hace mejores las cosas. Y en ese contexto, las oraciones ciertamente no ayudan nadie.

Considerando el año de la narrativa, el fondo de la historia ciertamente podría ser relevante en tiempos de gran crisis, tal vez conmemorando el asalto de los ahorradores a la Fourth National Bank de Nueva York el 4 de octubre de 1873. [...] Sin embargo, en la novela, cómo cosa más fácil para el autor se retrata una historia basada en creencias populares.
El tema que suporta la narrativa está ahí, fue escrito también de una persona con buenas cualidades editoriales. Pero los protagonistas tienen siempre una parte de conciencia que vive creyendo en la intuición. Como si hubieran sido personas bajo la influencia del ácido lisérgico, así imaginando cosas por fruto de ignorancia y no de cultura; a pesar que la historia fue basada en parte con la ignorancia de personas, escribir un libro come eso requiere más habilidad que escribir una reflexión sobre la realidad de los hechos. Hay un momento donde el protagonista principal, Tom Shields, se baja de su caballo, se pone de rodillas y acerca la cara al suelo para hacer presente algo a su interlocutor: en esta ocasión, Tom señala un escarabajo negro opaco, que en ese momento mantenía sus antenas apuntadas a ángulo. Esto se debe por qué tales insectos en esa posición perciben los bisontes, van hacia ellos, y consiguen de los excrementos del bisonte la comida para ellos y por el resto de su especie de descendencia. Que un escarabajo y otros insectos pueden alimentarse de la mierda de animales más grandes ni siquiera es algo nuevo, pero la conexión de este episodio fue decirle a su interlocutor que cuando ves a un indio que baja de su caballo y pone la cara hacia el suelo no está escuchando nada, pero pregunta a ese amigo dónde tiene que ir a buscar los bisontes. A pesar de eso, el contexto de la figura india va más allá de la imaginación de un insecto que podría ser intimidado del ruido y permanece inmóvil donde está, porque el conflicto indio supera cualquier barrera, por ejemplo: si dos indios están en conflicto y buscan el martirio, el ganador nunca se para con la muerte. La persona muerta, que es un seguidor de esa religión, no tiene paz ni siquiera hacia las pistas de su espíritu por qué al perdedor se derrumbarán los ojos; la nariz se cortará; el cerebro se colocará sobre una piedra y con las partes íntimas se harán otros tipo de juegos. El muerto cuando llega al lugar feliz de caza ya no puede escuchar, ver, oler o hablar con otros compañeros. Y lo más conmovedor es que el difunto no podrá comer carne de bisonte. En esta situación, el perdedor que ya no tiene sus manos, pies y cerebro, una vez que llega al dulce mañana no podrá planear una venganza contra su asesino. Todo esto tiene una lógica para aquellos que creen en el más allá por qué la actuación más grotesca es, a la vez causando burla hacia los amigos del perdedor, mejor es. Obviamente de esto contexto el protagonista Tom que debería tener orígenes indios tiene un sentido del humor diabólico respecto a la anatomía humana; al leer el libro me surgió un discurso escrito del poeta y escritor chileno Roberto Bolaño, que comparó a un indio con una biblioteca: desde su prespectiva, de estos edificios ricos de libros que son un patrimonio cultural y humano, mencionó que matar a un indio es equivalente a cerrar una biblioteca.
Al permanecer en términos de insectos la araña se considera un animal experto, casi milagrosa, porque teje una telaraña sin atrapar si mismo. Camina con calma y deja que los otros insectos permanezcan encerrados: hasta la estrategia del insecto no habría habido nada inusual, pero el exceso se hace cargo cuando los hombres blancos comenzaron a traer materiales metálicos. En un momento se pensó que los hombres blancos eran dioses cuando comenzaron a hacer telarañas con alambre de hierro, o matar bisontes de los prados para poner los ferrocarriles donde iba a pasar el tren.

En conclusión, largo la historia participan varias tribus como los Apache, Kiowa, Comanche, Cheyenne, Arapaho u otras tribus más civilizadas, y no se puede negar una opinión donde prevalece el honor: un soldado lucha hasta el final. Su lanza curvada podrá confiarse a otro soldado solo cuando es cansado de arriesgar su vida o cuando quiere casarse y no ir hacia el camino de guerra. No obstante, según la historia, el "Secretario del Interior de los Estados Unidos" Columbus Delano cree: en las praderas occidentales, la desaparición de los bisontes puede ser equivalente a la extinción de los indios, y podría ser un estímulo para acelerar la sensación de dependencia de los productos de la tierra del lugar mismo.

La stesura del libro è una tipica narrazione americana, probabilmente fa parte di uno di quei racconti che si addice maggiormente alla letteratura degli anni settanta.
Questa volta Robert F. Jones ha focalizzato la storia durante l’anno 1873: In un vasto campo esteso appartenente a un tempo ormai remoto lì si potevano trovare soltanto dei bisonti, per il resto non esistevano numeri, storia, omonimi, né vinti e nemmeno eroi. E se in un passato ci fu qualche vincitore nessuno sapeva più il suo significato. Emblematicamente, in questo sperduto posto, gli indiani ebbero pensato che pure i bisonti andavano a caccia di uomini bianchi, ma non potevano sapere che un giorno avrebbero dovuto ricredersi. In ogni modo rimase sempre un luogo nel quale fu riflessa l’immagine di una prateria vergine divisa da un fiume che scorre nel suo mezzo. Era un orizzonte vuoto, senza tempo. Un retroscena che nonostante si manifestò privo di movente in un battibaleno si convertì in uno senario di guerra fra popolo indiano e una civiltà più modernizzata. In questa remota e tranquilla località cominciarono a scorrere intere mandrie di bisonti, inseguiti dai lupi. Mentre i cacciatori di pelli sparavano colpi di fucile a chiunque: questi altri non hanno pietà di nessuno. Là si troveranno le vite spietate di questa gente. Invocheranno chiunque verso il vuoto e l’unico messaggio che può arrivare a coloro si troveranno nei paraggi è che la razza umana è spregevole. La natura non ha occhi ma certamente realizza cose migliori. E in quel contesto le preghiere non aiutano certamente.

Considerato l’anno fulcro della narrazione il retroscena del libro potrebbe trovare rilievo sicuramente in tempi di una grande crisi, magari rimembrando l’assalto dei risparmiatori alla Fourth National Bank di New York il 4 ottobre 1873. […] Tuttavia, nel romanzo, di come l’autore rappresentò i protagonisti diventa più facile attribuire una storia dallo sfondo basato sulle credenze popolari. La tematica che regge la narrazione c’è, ed è anche scritta da una persona con delle buone qualità editoriali. Però ai protagonisti è sempre presente quella parte di coscienza che vive credendo a l’intuito. Quasi fossero state persone sotto effetto di acido lisergico. Così immaginando le cose per frutto d’ignoranza e non di cultura; scrivere un libro nonostante sia un racconto basato sulla ignoranza richiede più capacità che scriverne uno riflesso sulla realtà dei fatti.
C’è un momento dove il protagonista principale, Tom Shields, scende da cavallo, si posa sulle ginocchia e avvicina la faccia sul terreno per far presente una cosa al suo interlocutore: in questa occasione Tom indica uno scarabeo stercorario nero opaco, che in quel momento teneva le antenne puntate ad angolo. Questo perché tali insetti le volte che sono in quella posizione percepiscono i bisonti, vanno da loro, e ricavano dagli escrementi dei bisonti il mangiare per sé, il resto della sua specie e la prole: che in natura lo sterco si nutre della merda degli animali più grandi non è nemmeno una cosa nuova, ma il nesso di questo episodio fu per dire al suo interlocutore che quando si vede un indiano scendere da cavallo e piegarsi col viso sulla terra non sta ascoltando qualcosa ma chiede a quel tizio dove andare per trovare i bisonti. Bensì, il contesto della figura indiana va’ oltre l’immaginazione di un insetto che potrebbe essere intimorito dal rumore e se ne sta immobile dov’è, perché il conflitto indiano supera qualunque barriera, per esempio: se due indiani sono in conflitto e cercano il martirio chi vince non si ferma più. La persona morta, che è un seguace di quella religione, non se la cava nemmeno sulle tracce dello spirito. Al perdente si caveranno gli occhi, si troncherà il naso e il cervello verrà posato su un sasso, mentre con le parti intime si faranno degli altri giochi… Il defunto quando arriverà al luogo felice di caccia non può più ascoltare, vedere, odorare o parlare con gli altri compagni. E la cosa maggiormente toccante è che non potrà più mangiare carne di bisonte. In questa situazione il perdente che non ha più le mani, i piedi e il cervello, una volta che approda al dolce domani non potrà pianificare una vendetta al suo uccisore. Tutto questo ha una logica per chi crede nell‘aldilà, poiché più grottesca è l’esibizione, alla volta provocando una derisione nei confronti degli amici del perdente, meglio è. Ovviamente di questa altra storia il protagonista Tom che dovrebbe avere delle origini indiane ha un diabolico senso dell’umorismo quando si tratta di anatomia umana; leggendo il libro mi affiorò un discorso scritto del poeta e scrittore cileno Roberto Bolaño il quale paragonò un indiano a una biblioteca, che nella realtà dei fatti questi edifici ricchi di libri sono un patrimonio culturale e umano, tanto è che in altri contesti il poeta menzionò che l’uccisione di un indiano è equivalente alla chiusura di una biblioteca.
Rimanendo in tema d’insetti il ragno è considerato un’animale abile ed è quasi miracolato perché tesse una ragnatela senza impigliarsi, ci cammina sopra tranquillamente e lascia che gli altri insetti rimangano imprigionati: sino alla strategia degli insetti non ci sarebbe stato niente di anomalo ma l’eccesso subentra quando gli uomini bianchi cominciarono a trarre materiali metallici. A un certo punto si pensò che gli uomini bianchi fossero degli dei quando cominciarono a tessere le ragnatele col filo di ferro, o a uccidere i bisonti dai prati per mettere le ferrovie dove sarebbe passato il treno.

Concludendo, nel contesto corrente, che vede partecipe diverse tribù come gli Apache, Kiowa, Comanche, Cheyenne, Arapaho o altre tribù più civilizzate non si può negare un’opinione dove prevale l’onore: un soldato combatte sino alla fine. La sua lancia ricurva la potrà affidare a un altro soldato solo quando è stanco di rischiare la vita o quando vuole sposarsi e non andare più così spesso sul sentiero guerra. Tuttavia, dal racconto, come ritiene il Segretario agli Interni degli Stati Uniti, Columbus Delano: dalle praterie occidentali la scomparsa dei bisonti può equivalere alla estinzione degl’indiani e potrebbe essere anche uno stimolo nell’accelerare il senso di dipendenza dei prodotti della terra in quel luogo.

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